EL PODER DEL CORAZÓN

Si volviera a nacer, querría ser mujer. Así lo siento desde hace algunas semanas. Me trajeron este deseo instantes de meditación con una mujer, momentos compartidos con alguna amiga, en los que percibo claramente en mi pecho y como se extiende por mi ser, lo que entiendo que es la esencia de la mujer. Momentos en que me traspasa la fragancia destilada de la femineidad. Dulce, suave, benevolente, nada intensa; sutil, con un silencio que suena a verdad y belleza.

Anahata es su nombre en sánscrito: ‘sonido inaudible’. Pasa desapercibido en esta sociedad de estímulos, acción, y ruido. Y con el corazón, pasa desapercibido el tesoro de lo femenino.

¿Qué hay detrás de ese silencio? la nada. Nuestro hogar. El que visitas cada día, el que siempre te está esperando, en el que Nada ocurre. Donde ya tenemos todo. Donde nos sentimos en bata y zapatillas. El que si lo hiciéramos nuestra forma de vida, este sistema autodestructivo no sobreviviría...

 Están devaluadas la dulzura, la bondad, la mirada compasiva, los sentimientos, el abrazo tierno, la caricia reparadora... 

En un mundo masculinizado, apuesto por seguir recuperando esta parte en mí, por integrarla en cada cosa que haga, por desnudar mi ser vulnerable al mundo, por dejar caer una falsa máscara de fortaleza, de ser siempre potente y capaz. 

Gracias mujer, por ser inspiración. Benditas que tenéis la suerte de sencillamente nacer así, no renunciéis a ello por encajar en este mundo masculino hostil. En cambio, rebosad vuestra esencia a los que queremos beber de esa fuente. Compartidnos vuestra más dulce fragancia. Los hombres, otras mujeres, el mundo, lo necesitamos.

Si tienes un buen amigo/a, compañero/a o pareja, te invito a sentarte en frente de ella, en un lugar cómodo, en un ratito sin tiempo, sin nada que hacer. 

Y respirad relajados, cada uno a vuestro ritmo, mientras las miradas están conectadas. Nada que buscar. Simplemente estar, ser, relajado, relajada. Maravilla de Nada… 

Así unos minutos, las respiraciones se acomodan suavemente, como la mirada, el cuerpo, y el corazón… 

Quizás puedas oir ese silencio, el sonido inaudible. Quizás puedas percibir en tu pecho una sutil dicha, la esencia del femenino.

Bienvenid@ a casa.

Gracias,

Miguel