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¿Tenemos buen sexo?

¿Cómo funciona tu deseo sexual?

¿Sabemos bastante de sexo o conservamos condicionamientos?

¿Sabemos lo que nos gusta?

¿Nos atrevemos a pedirlo?

¿Y a disfrutarlo?

¿Tengo una sexualidad que me nutre a mí y a mi/s pareja/s?

Podemos pasar toda la vida sin darle importancia a estar preguntas, sin buscarles respuestas, aún sabiendo lo Importante e Influyente que es la sexualidad en la vida de cualquier persona.

La sexualidad sigue siendo tabú y poco conocida para la mayoría.

Hasta hay expresiones relacionadas con la mala práctica sexual para referirse a alguien que es antipático. Es un hecho que la forma en que vivimos nuestra sexualidad afecta a todas nuestras relaciones, con los otros y con un@ mism@.
Salvo excepciones, ni los padres ni la escuela enseñan algo de sexualidad, sino que se ‘aprende’ a través de amistades inexpertas, que a su vez aprendieron de amistades inexpertas… además, en algunos casos, de la pornografía.
Lógicamente, así se perpetúa de generación en generación una práctica muy condicionada y cargada de conceptos erróneos.
¿No merece la pena dedicarle un pequeño alto en el camino, revisar conceptos y confirmar qué me gusta y es bueno para mí, y qué no lo está siendo?
 
De las 5 líneas cuyos potenciales se desarrollan en Biodanza, la sexualidad es quizás la más dañada. Pidiendo disculpas de antemano por el riesgo que entraña cualquier generalización, pero en base a lo que he vivido yo y los hombres con que me he relacionado, existe en el género masculino una importante necesidad de sentirse buen amante, de reconocimiento sexual.
Un hombre puede soportar mejor o peor cualquier crítica, excepto si es a su valía como amante.

Poner en duda su habilidad como amante es un verdadero desafío a su autoestima, un 'tocado' a su línea de flotación.

 
La mujer en cambio, en este mundo de raíces machistas, muchas veces siente en el inconsciente un impulso a deber agradar, y satisfacer las necesidades de su pareja. Lo cual puede generar, a posteriori, sentimientos de rechazo a la misma… Esto es fácil que pase cuando decimos Sí, expresamente o por omisión, y en verdad… dentro se sentía un No, al que no escuchamos.
Éstos son solo algunos ejemplos de condicionamiento de la sexualidad que habitan nuestro inconsciente, y que forman parte de una lista no abarcable en un artículo. La sexualidad, movida por factores como éste, hace que se practique muy alejada de la inocencia, gozo y nutrición que la impregnan en origen. Y que sea fuente de frustración, rencor, abuso… y, en definitiva, separación (física o emocional) e insatisfacción a corto o largo plazo.

¿Hay algún acto más inocente e íntimo que el sexual, y que se pueda pervertir tanto?

Descondicionarnos, despertar y reconocer un deseo sano en nosotr@s, expresarlo y darnos el permiso para disfrutarlo y compartirlo de forma nutritiva, solo es cuestión de, primero, tomar conciencia y darse la oportunidad a explorarlo.
Yo te pregunto: ¿por qué no?
Y segundo, simplemente disfrutar el precioso camino que se irá abriendo a tus pies, en el que cada paso que avances sentirás nuevos matices, más riqueza, bienestar y placer; y que en definitiva... solo te estará acercando más a ti mism@.