Hace unos días me impresionó esta imagen. Leí que era, al microscopio, el interior de la vagina...
¿Qué os sugiere? a mí, claramente, un campo tupido de flores.
Hace un par de años, contemplando las zonas íntimas de una mujer, en un momento de mucha quietud, serenidad y confianza, tuve la preciosa vivencia de que la vagina, es una flor. De que todas las vaginas son una flor. Y que como tal deben ser tratadas.
Están en ese lugar, el más protegido del cuerpo, porque son muy vulnerables.
Encierran la posibilidad de la vida, igual que una flor, y posibilitan la mayor de las bellezas y fuente de placer de los sentidos.
Fue un antes y un después para mí y mi relación con ellas. Entendí que para que la flor se abra, ésta debe tener todas las condiciones propicias. Para que ofrezca su máxima belleza, debe sentir que tiene toda la confianza. Para deleitarse con todo lo que nos puede ofrecer, entenderse la forma en que ésta funciona. Una flor no puede ser forzada a abrirse o se romperá, más bien debe pedírsela permiso antes de cogerla, y ser tratada con la delicadeza que ella necesite, en cada uno de los momentos.
Me encantó ver esta foto, y confirmar que es realmente una flor.

 

Nota: poco tiempo después de ver la imagen, hubo quien me contó que correspondía en realidad al interior de un fruto. Realmente creo que no importa, pues al caso sirvió para tener la inspiración y querer compartirla.