Recientemente, dejar salir mi rabia y expresar mi dolor, dejó vía libre a una calma como no había experimentado antes.
Qué gran lección. Dar la bienvenida a cada emoción, rendirnos a ellas- aunque no sean agradables- vivirlas y entender su función.
Los días después por fin pude abrazar ese dolor, y el vacío que había quedado.
Y estar todos los días un ratito conmigo mismo, en una Paz como nunca había sentido.
Apareció entonces una sensación preciosa. Y la inspiración para este poema, que salió solo, sin pensar, en un sentir totalmente espontáneo...
Fuego en Leo, fuego en Sagitario, y luna en Aries.
El fuego es mi elemento. ¿Entonces qué, sino quemarme?
Me lanzo a las llamas. Árdeme. Deshazme en tu fuego.
No dejes de mi nada. Vuélveme cenizas. Quema mis entrañas al rojo vivo.
Que nada quede de mi. Desvanéceme en mi propio humo, que se eleve, ligero.
Quemarme para ser ligero, para hacerme aire, para disolverme. Para tener comprensión.
Si te acercas a mi te puedo quemar. Será el fuego de la verdad. Será el fuego de mi verdad, que me purifica, que te purifica, que nos transforma.
Fuego que te quema, porque tú también tienes fuego. Porque todavía no somos lo mismo. Porque debemos quemar para disolvernos. Porque es nuestro destino. Llegar a ser lo mismo. Llegar a comprender.
Volatilizarnos por ese fuego. Volvernos humo. Humo que se eleva. Aire que se disuelve. Aire que lo impregna todo.
Perdona si te quemo con mi fuego. El fuego de mi rabia, el fuego de mi dolor. Que arrasa para dejar espacio. Fuego que transforma. Fuego que quema lo viejo.
Fuego que deja paso a otro fuego. Más suave. La llama ligera que da calor, que crea hogar, que crea corazón. El fuego del sol de primavera en la piel. El fuego suave de esa mirada que confía, en que confías.
Déjate quemar por mi fuego. Te transformará. Te quemará. Te dará el calor, para que se abra tu corazón. Y se convierta en llama eterna. Llama de amor incondicional. Llama porque sí, porque es llama.
Llama gentil. Llama que danza, que sonríe alegre, paciente... llama que alumbra, llama que no hace ruido, llama que está siempre ahí.

Miguel