Oí hablar por primera vez de este concepto durante mi formación de ‘Skydancing Tantra’ en Francia. Hoy intento practicar lo que integré dentro de mi. Os comparto aquí qué entiendo que significa ese ‘continuum’ en los encuentros sexuales y en las relaciones.
No estamos acostumbrados a percibir lo sutil, entre tantos estímulos a los que nos vemos sometidos; no hay tiempo, el cuerpo está tenso y la mente y la vida corren deprisa. Pero aunque no lo percibamos, cada detalle, gesto o palabra, tiene un eco en un amigo o amante, que va calando, dejando su huella…
Nuestro interés y apetencias son cambiantes por naturaleza. Cuando compartimos algo hermoso y cambia o termina, ¿por qué no honrarlo con una transición suave? ¿por qué no poner un cuidado hacia el otro, agradeciendo y respetando lo vivido? Esto deja una huella dulce que crea confianza, refuerza el vínculo, cierra el círculo de forma hermosa y permite la expansión del corazón.
Cuando practicamos el coito, por ejemplo, el hombre termina saliendo del cuerpo de la mujer (o de otro hombre, en su caso) y la bajada de energía puede hacerle sentir ganas de descansar. ¿Qué tal si antes tenemos con la pareja una pregunta cordial, una palabra bonita, mientras mantenemos una conexión de miradas? ¿Qué tal un abrazo tierno, unos instantes de respirar juntos y que los cuerpos se regocijen en silencio por el momento compartido?
Y yendo más allá, comparto aquí una práctica que aprendí y que es tan simple como sanadora. Si has hecho el amor con presencia y tu corazón abierto, al salir del cuerpo de tu pareja, apoya relajadamente una mano sobre la puerta del lugar que acabas de habitar. Déjala unos instantes ahí, en silencio, agradeciendo el permiso por haber estado allí, honrando lo que acaba de suceder, la experiencia más íntima que se puede compartir. Sella con el calor de tu mano la experiencia, dando aún más valor a lo vivido, mientras le miras a los ojos o estás abrazado a su regazo.
 
En Biodanza, desde las primeras clases se enseña la importancia de los detalles que permiten ese continuum… Se invita a cuidar las despedidas de un compañero, incluso después de un sencillo caminar en parejas, con una mirada, con un gesto. O cuando estamos en ronda -en círculo cogidos de las manos- y vamos a salir de ella, se pide al alumno a aproximar las manos que sostienen de los dos compañeros, y les miren invitándoles a que cierren de nuevo la ronda sin él. Se siente uno tan cuidado con gestos que cuestan tan poco... 
Pasamos un rato muy agradable con un amigo y tras despedirnos, qué bien sabe un mensaje diciendo qué bonito ha sido volverle a ver.
Hacemos el amor con un amante, y qué regalo es recibir un mensaje al día siguiente agradeciendo el rato compartido.
Nos separamos de una pareja a la que ofrecimos nuestro amor, y qué hermoso que siga sabiendo que estamos ahí, pensando en él/ella, con un mensaje de cuidado, con una palabra amable y compasiva.
Se trata de honrar lo vivido. De hacer progresivo el cambio. De cuidar al otro, de crear momentos mágicos en lo cotidiano. De empezar a crear un mundo en el que nos relacionemos mejor.
La transición suave y amorosa, el continuum, produce una sensación de continuidad de la belleza, de confianza en el ser humano, de comfort, de protección; multiplica el significado de lo que fue vivido, lo hace más real y verdadero. Multiplica las ganas de vivir. Hace más grande al amor.